lunes, 18 de mayo de 2015

Mad Max: Fury Road



Hace años, quizás décadas, que el género acción no presentaba un trabajo tan completo y renovador como la obra de George Miller, Mad Max: Fury Road. Por ahí había pantallazos interesantes como Taken de Pierre Morel (la primera) o A History of Violence de David Cronenberg, pero ésta última es más bien un thriller con recursos de western que una película de acción. Porque acción habla de la velocidad, del ritmo frenético, de un héroe imbatible y en éste caso de una heroína que el cine estaba pidiendo a gritos.



Mad Max maneja su tiempo de manera impecable, la película arranca con una persecución, y no se detiene sin una buena razón. Existen pausas en medio de la corrida que conduce todo el hilo narrativo, pero están puestas de manera tan orgánica en la historia que no solo sirven para conducir la historia sino además para darle un respiro al espectador.

En una época en la que estamos tan mal acostumbrados a personajes que hablan mofándose, o jactándose en medio de cualquier pelea la mitad del tiempo, y están explicando a la audiencia lo que están haciendo el tiempo restante, la película posee una trama tan sencilla que ni siquiera demanda demasiado dialogo. La simpleza de la historia se pone en manifiesto constantemente. La sobriedad emocional es natural al mundo de los protagonistas; se siente en perfecta armonía con el trasfondo sonoro de la película, y el mundo que los rodea.

La simpleza se manifiesta también en los personajes, no porque sean poco profundos sino porque su profundidad queda expuesta en sus acciones en vez de en diálogos innecesariamente explicativos o fáciles escenas de flashback. Todo lo que necesitamos de Max, Furiosa, Nux o el villano Inmortan Joe está ahí. Al mismo tiempo la cinta nos entrega ciertas pistas para que conozcamos un poco más de ellos, como los cortos diálogos entre el Inmortan y sus lugartenientes quienes parecen estar cerca de alzarse en motín aunque nunca llegan a esto, o la exacerbación que demuestra el fanatismo pseudo-religioso de la raza de guerreros de la que forma parte Nux.

Max y Furiosa comparten la pantalla de igual a igual. Se ha llegado a hablar de que es una película feminista. No comparto el criterio, creo que no es una película estúpidamente machista (algo a lo que Hollywood nos tiene acostumbrados) ya que pone a los géneros en condiciones de igual, sin limitaciones o condicionamientos. La actuación de Charile Theron es increible, y Tom Hardy no se queda atrás. Importante de sus actuaciones es que nos presentan personajes muy vulnerables, no tanto en lo emocional sino en lo físico. Tememos genuinamente por el bienestar de los protagonistas, y simpatizamos completamente con su causa. 
 
 Miller se acuerda que el cine es un espectáculo tan visual como sonoro, y lo demuestra con una banda de sonido que va en tono a todo el metal de las carrocerías que acompañan a los persecutores, música que además hace parte del mismo mundo. Música que acompaña la estética y el ritmo, y se pone en evidencia sin eclipsar el excelente audio.

Gráficamente nos encontramos ante cine arte. Desde los diseños cadavéricos hasta la coreografía circense en secuencias de acción inventivas y continuamente renovadoras. De nuevo, la acción es continua pero no cansa porque cada vez se produce de manera diferente. Sostener dos horas de metraje bajo la única de premisa de "persecución por el desierto" es más que un logro, es un ejercicio de creatividad. Igual la fotografía en ese paisaje desértico deja ver imágenes impresionantes con un color muy nítido lo que lo vuelve más real. Recuerdo mientras veía la película que más de una vez pensé "qué bueno sería tener un cuadro de ésta imagen".


Además de ser nítida la imagen es precisa, es firme, se sostiene y bien. No hay movimientos innecesarios como que estuvieses viendo la película durante un terremoto, o movimientos de cámara inverosímiles (e innecesarios) como un paneo a través del motor o cosas así que no tienen más sentido que tirar presupuesto en efectos especiales. Todo está ahí. Todo se entiende y se disfruta. Los planos se toman su tiempo, así la acción no solo se comprende, sino que además se siente real. Vemos a los personajes moverse, caer, golpear y reaccionar todo en una sola toma, y esa continuidad es orgánica. El corte, eso es lo artificial. 

Mad Max: Fury Road es la película de acción que el cine estaba esperando y necesitaba para mostrarle el camino. Una película que rompió las estructuras de un género que viene desgastadisimo y que demuestra que acción y arte no son necesariamente ajenas la una a la otra.

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